
Uno, cuyos gustos son casi por completo anglosajones, se obliga de vez en cuando a leer a autores españoles. Con la edad he dejado de ser novelero -y mira que he pasado tardes enfrascado en sucesos que les han pasado a otras personas-, si bien un Chandler o un James Ellroy ocasionales sientan estupendamente. Leí hace pocas semanas "El animal piadoso", novela de Luis Mateo Diez unánimemente alabada: la encontré francamente ilegible. De manera que la novela española queda de momento en la nevera. Como tampoco soy buen lector de poesía (ni en espanol ni en ningún otro idioma) -lo cual es una manera un tanto elusiva de decir que no me gusta ni entiendo la poesía-, le quedan a uno escasos géneros a los que recurrir en nuestro idioma. Una campo donde el español ha alcanzado un nivel estupendo es el articulismo de primera mitad del siglo XX (el actual es por lo general abominable). No fingiré que domino el tema, puesto que mis lecturas de este género han sido escasas y deslavazadas, pero si que me atrevo a recomendar fervientemente los libros de Julio Camba, en especial una colección de artículos divertidísimos a la vez que muy perspicaces sobre Nueva York titulada "La ciudad automática".
La casa de Luculo, quizá el mas famoso de sus libros, trata sobre gastronomía, y es una delicia de primer orden. Carece de la menor vocación de tratado o academia. La perspectiva, contraria a la de los críticos gastronómicos, es, más que hedonista, voluptuosa. Ningún critico tenido por serio osaría escribir esto, que además traslada con precisión el tono general:
"Las sardinas asadas saben muy bien, pero saben demasiado tiempo. Después de comerlas uno tiene la sensación de haberse envilecido para toda la vida. El remordimiento y la vergüenza no nos abandonaran ya un momento y todos los perfumes de la Arabia serán insuficientes para purificar nuestras manos".
Al final, a quien escribe así se lo disfruta por infecundo que pueda parecer el tema. Mejor que tratar de explicarlo, algunos ejemplos más:
"Para hacer una buena mayonesa hay que contar con el Observatorio Astronómico. Una pequeña depresión que exista en el mar de Irlanda o en las Azores puede echarla completamente a perder, porque la mayonesa exige para su logro el asentimiento general de todo el universo"
Sobre abuso del ajo en España:
"Tampoco opino yo que se deba prescindir del ajo en las sopas de ajo, aunque hay quien por ahí presume de fumar tabaco desnicotizado y tomar café sin cafeína"
"En cuanto al pescado de los viernes, me parece muy bien cuando, efectivamente, es de los viernes; pero en el interior de Castilla suele ser de los lunes o los martes...de la semana pasada"
Sobre los vegetarianos:
"El hígado debe segregar bilis, y cuando en vez de bilis empieza a segregar virtud, es que funciona mal"
Alegrías como estas que uno se lleva al menos una vez en cada página. Termino con mi favorita, con el gastrónomo deslumbrado tras su primer atracón de fabada asturiana:
"Cuarenta y ocho horas después yo hacía todavía, en mi hotel de Gijón, una brillante imitación del anaconda, animal que, como ustedes saben, come de una vez para toda la temporada, y postrado en el lecho, arrancaba melancólicamente las hojas de una florecilla para ver cuál seria mi destino: si el reformismo o el hospital"