viernes, 21 de mayo de 2010

La casa de Lúculo, de Julio Camba

Uno, cuyos gustos son casi por completo anglosajones, se obliga de vez en cuando a leer a autores españoles. Con la edad he dejado de ser novelero -y mira que he pasado tardes enfrascado en sucesos que les han pasado a otras personas-, si bien un Chandler o un James Ellroy ocasionales sientan estupendamente. Leí hace pocas semanas "El animal piadoso", novela de Luis Mateo Diez unánimemente alabada: la encontré francamente ilegible. De manera que la novela española queda de momento en la nevera. Como tampoco soy buen lector de poesía (ni en espanol ni en ningún otro idioma) -lo cual es una manera un tanto elusiva de decir que no me gusta ni entiendo la poesía-, le quedan a uno escasos géneros a los que recurrir en nuestro idioma. Una campo donde el español ha alcanzado un nivel estupendo es el articulismo de primera mitad del siglo XX (el actual es por lo general abominable). No fingiré que domino el tema, puesto que mis lecturas de este género han sido escasas y deslavazadas, pero si que me atrevo a recomendar fervientemente los libros de Julio Camba, en especial una colección de artículos divertidísimos a la vez que muy perspicaces sobre Nueva York titulada "La ciudad automática".
La casa de Luculo, quizá el mas famoso de sus libros, trata sobre gastronomía, y es una delicia de primer orden. Carece de la menor vocación de tratado o academia. La perspectiva, contraria a la de los críticos gastronómicos, es, más que hedonista, voluptuosa. Ningún critico tenido por serio osaría escribir esto, que además traslada con precisión el tono general:
"Las sardinas asadas saben muy bien, pero saben demasiado tiempo. Después de comerlas uno tiene la sensación de haberse envilecido para toda la vida. El remordimiento y la vergüenza no nos abandonaran ya un momento y todos los perfumes de la Arabia serán insuficientes para purificar nuestras manos".
Al final, a quien escribe así se lo disfruta por infecundo que pueda parecer el tema. Mejor que tratar de explicarlo, algunos ejemplos más:
"Para hacer una buena mayonesa hay que contar con el Observatorio Astronómico. Una pequeña depresión que exista en el mar de Irlanda o en las Azores puede echarla completamente a perder, porque la mayonesa exige para su logro el asentimiento general de todo el universo"
Sobre abuso del ajo en España:
"Tampoco opino yo que se deba prescindir del ajo en las sopas de ajo, aunque hay quien por ahí presume de fumar tabaco desnicotizado y tomar café sin cafeína"
"En cuanto al pescado de los viernes, me parece muy bien cuando, efectivamente, es de los viernes; pero en el interior de Castilla suele ser de los lunes o los martes...de la semana pasada"
Sobre los vegetarianos:
"El hígado debe segregar bilis, y cuando en vez de bilis empieza a segregar virtud, es que funciona mal"
Alegrías como estas que uno se lleva al menos una vez en cada página. Termino con mi favorita, con el gastrónomo deslumbrado tras su primer atracón de fabada asturiana:
"Cuarenta y ocho horas después yo hacía todavía, en mi hotel de Gijón, una brillante imitación del anaconda, animal que, como ustedes saben, come de una vez para toda la temporada, y postrado en el lecho, arrancaba melancólicamente las hojas de una florecilla para ver cuál seria mi destino: si el reformismo o el hospital"

martes, 18 de mayo de 2010

King Harald's Saga, de Snorri Sturluson

Uno de los caracteres mas importantes de cuantos se mencionan en Millenium, de Tom Holland, libro del que comente aquí -
http://estoeslahoya.blogspot.com/2010/04/millenium-de-tom-holland.html- es este Harald Hadradi, cuya vida contiene todos los argumentos por los que un novelista malo mataría. Exiliado de Noruega siendo apenas un niño, próspero militar/pirata al servicio del emperador de Bizancio, hostigador de las costas africanas y sicilianas y colega de armas del emperador ruso. Avatares diversos que no hicieron sino aplazar hasta el momento oportuno el regreso a Noruega para reinar, y, por fin, encontrar la muerte en Stamford Bridge durante su intento de invadir Gran Bretaña. Por cierto, esas escasas semanas entre la invasión malograda de los noruegos, y la exitosa de los normandos en Hastings-aprovechando el quebranto sufrido por las fuerzas inglesas durante la primera-, trasladan, incluso leídas al cabo de tantos siglos, esa potencia que tienen los momentos seminales de la historia.
Ahora que tanto se habla de Islandia por causas algo absurdas, cabe recordar que durante siglos esa isla recóndita y apenas habitable fue el refugio de casi la única literatura perdurable que se escribía en Europa. Islandeses fueron casi todos los poetas de la corte noruega, e islandés fue Snorri, figura importante del periodo en la política y esencial en la literatura. Una de sus obras principales es la Heimskringla, un conjunto se sagas acerca de los reyes Noruega. La saga del rey Harald es parte del mismo. Que podemos buscar en un libro de historia plagado de inexactitudes, exageraciones y mentiras? En la pregunta está la respuesta, buscamos lo que queda de la historia cuando se le quita la Historia. Buscamos el placer del cuento, los rudimentos de la ficción y el arte de contar.
Entre las cosas curiosas de las sagas esta el que el autor cita como fuente de autoridad para acreditar unos hechos los versos de ciertos poetas de la época. La estima que me merece la mayoría de la poesía esta muchos escalones por debajo.

sábado, 15 de mayo de 2010

The art instinct, de Dennis Dutton

Con algunos amigos acostumbramos a hablar de arte . Somos por completo ignorantes en el tema, aunque debo decir que hemos intentado penetrar con diverso celo en las razones de su pervivencia. Nos preguntamos principalmente por las razones que hacen del arte moderno una actividad prestigiosa y escandalosamente subvencionada cuando somos incapaces de apreciar en él el menor signo de inteligibilidad. De manera que en cuanto leí acerca de este libro lo compré de inmediato. La síntesis me pareció muy atractiva: una explicación evolutiva a la existencia de arte en todas las culturas. Conocía al autor por su web http://www.aldaily.com/, un agregador acerca de cultura y pensamiento muy interesante. Por tanto las expectativas eran altas. Y, como suele ocurrir, defraudadas.
Los científicos poetizando acostumbran a caer en un ridículo tirando a inocentón y por tanto disculpable; meterse a científico sin dominar el tema tratado es peor puesto que es inevitable el error. No negaré al autor lo plausible de su tesis, poco novedosa en cualquier caso puesto que Steven Pinker la ha enunciado previamente y mejor -es un escritor de primera-. Lo que no es admisible es extraer conclusiones basadas en indicios tan tenues. Que el arte haya perdurado a lo largo de todas las culturas prueba que ha existido ancestralmente, no que sea una estrategia evolutiva provechosa, por mucho que intuitivamente podamos percibir un atisbo de verdad. Discernir si se trata de una adaptación o de un "by-product" de una adaptación no me parece posible con el conocimiento actual del cerebro. No creo que la comparación con el lenguaje sea acertada. Veo un poso de verdad en la hipótesis de Pinker, seguida por Dennis Dutton, según la cual la ficción -el arte en general- ha tenido una utilidad ancestral como fórmula de conocimiento adicional a la experiencia personal. Tratar de demostrarlo con medios de tipo, digamos, literario, es aventurado y reprochable como método.
En cualquier caso, el libro se lee con placer y propone ideas sobre las que reflexionar en próximas sobremesas, que terminarán -como siempre- en insultos a Barceló y al Ministerio de Cultura.

domingo, 2 de mayo de 2010

Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo

Clásico del pensamiento sociológico, entre los pilares de una disciplina que se puede definir como articuladora de otras de mayor enjundia. En este pequeño libro se pasa de la abrumadora erudición histórica al puro dato estadístico e incluso a la teoría económica sin el menor temor, con una vocación de conocimiento total irreparablemente perdida durante el siglo pasado desde que se publico.

Impresiona, acostumbrado como está uno a la ligereza inconsecuente del panfleto mediático o al brillo momentáneo del ingenio vacuo, la estructura del libro, su -como diríamos hoy- standard de calidad en cuanto al fundamento de todo cuanto explica o teoriza.

Esto se traduce a veces en cierta ilegibilidad por lo copioso de la documentación y por el propio tema, que no es exactamente luminoso.

Cuál es este tema? La tesis propuesta es original: fueron las iglesias protestantes reformadas quienes, a raíz de la idea formulada por Calvino de la predestinación, quienes fundaron los móviles psicológicos en que se basa el capitalismo. No el capitalismo como sistema económico, sino lo que se denomina en el libro “espíritu del capitalismo”, concepto que nunca que termina de definirse con precisión. Podemos entenderlo como una pretensión de santidad no limitada al convento católico o incluso luterano, sino en medio de cualquier profesión. Llegar de un punto a otro parece francamente aventurado, y a ello se anima el autor con convencimiento y todos los recursos documentales imaginables. Tal como lo entendí, el concepto fundamental es el de la gracia: el calvinismo se fundamenta en la futilidad de las obras en cuanto que cada uno esta predestinado a la salvación o a la condena sin posibilidad de alterar el designo divino (como un empeño humano puede cambiar una decisión divina?). El hombre ignora el destino de su alma ya decidido; la ética calvinista obliga al hombre a asumir que ha sido agraciado y que por tanto debe comportarse como tal, lo cual lleva a una reglamentación ascética de la vida y de la labor. La idea es mucho mas complejo, y en el libro se definen hasta las menores diferencias en cuanto a la ética de las distintas sectas protestantes en relación con esto (baptistas, cuáqueros, metodistas...).
La ultima idea esencial del libro es que este origen religioso pudo hacer prosperar el capitalismo, pero llegado a un punto este adquirió tal complejidad que cualquier otro sistema se hizo inviable, de manera que tras ese punto, cualquiera esta insertado en el cualquiera que sea su confesión, credo o manera de ser.