domingo, 4 de julio de 2010

Hitch 22, de Christopher Hitchens

Primero, una desagradable coincidencia. Un día después de haber terminado de leer el libro, me enteré de que el autor acababa de anunciar que padecía cáncer y que debía cancelar todos los actos de promoción. Me conmovió puesto que al final de las 400 paginas de unas heterodoxas memorias uno acaba por desarrollar ese afecto primordial que resulta del conocimiento de alguien -caiga bien o mal-. Hitchens es poco conocido en España, aunque en Estados Unidos e Inglaterra es uno de los ensayistas -y polemistas- mas populares. Antes de nada, la prosa. Como Martin Amis, su íntimo amigo, conoce al dedillo la tradición literaria inglesa y el motor de su obra es precisamente el lenguaje. Cadencioso, creativo y por encima de todo preciso, proporciona un placer intrínseco (y un montón de visitas al diccionario).
He tenido la sensación de que el autor no ha podido vencer del todo el pudor, y la sucesión de eventos no acaba de provocar un interés continuo. En cambio, en aquellos momentos donde la narración deja paso a la reflexión el libro repunta y remueve, algo que debería buscar cualquier opinador que se precie.
Más prolijo en anécdotas ajenas que propias, al final ocurre como con todas las memorias: en último termino es una justificación.
El se dice poco dotado para la ficción, pero el relato acerca del soldado muerto en Irak que decidió enrolarse movido por los artículos y libros del autor, emociona mucho más que la mejor novela.