martes, 22 de junio de 2010

Cartas de un estoico, de Lucio Anneo Seneca

Han pasado algunas semanas desde el ultimo post. Disculpas a la legión de seguidores, cuyos mensajes preguntando por mi estado de salud agradezco :)
Solo ha sido por trabajo. He seguido leyendo, pero no he encontrado tiempo para escribir por aquí. He releído la Eda en Prosa de Snorri Sturluson, otro libro de artículos de Julio Camba y alguna novelita de escaso vuelo. Me quiero detener brevemente en este libro de Seneca, que recoge varias de las cartas que escribió en su vejez a un joven discípulo llamado Lucilio.
Puesto que son cartas dispersas en el tiempo y el espacio su contenido es variadísimo, aunque el anciano filosofo regresa siempre a unas pocas ideas básicas. A poco que se conozca de su biografía, la impresión que produce su insistencia en la austeridad y la desesperanza tiene que provenir de la desilusión. Sin duda era un escritor genial, pero también puede ostentar el mayor fracaso como educador de la historia. Tuvo un único alumno de excelentes dotes que termino enloqueciendo a fuerza de practicar inagotablemente la extrema crueldad. El problema es que el susodicho era Emperador y se llamaba Nerón. Por tanto no es extraño que el andaluz Seneca se retirara a conducirse de acuerdo con los principios estoicos: austeridad, huir de las pasiones, prepararse para la muerte, anticipar el dolor.
Al leerlo se percibe claramente un trasfondo oriental, un cierto misticismo emparentado con la India. Lo cual tiene su lógica: la corriente estoica -como practicamente toda la filosofía esencial-, llego a Greca a través de Asia Menor. Si a Séneca le sumamos su origen hispano, cierto misticismo subterráneo parece inevitable.
Libro diría que obligatorio, menos por las ideas que por el deslumbramiento que produce la expresion limpida, preciosa de las mismas.

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